El mundo de los hongos es fascínate a la par que complejo. Se cifra en 100.000 las especies conocidas, y en 300.000 las existentes. La mayoría de estos hongos son microscópicos, pero muchos, que alcanzan tamaños considerables, los conocemos como setas. La forma de vivir, así como de alimentarse les asemeja a las plantas, y la presencia de algunos componentes como glucógeno y quitina les asemeja a los animales. Por eso se procedió a crear un Reino propio como es el Reino fungi.

Los hongos, tienen una reproducción sexual por esporas, que son semillas microscópicas. Una sola seta puede producir millones y millones de esporas, pero la mayoría no cumplirán su cometido. Cuando la seta madura, estas esporas se dispersan y si las condiciones son idóneas, germinan dando lugar a una serie de filamentos llamados “hifas”. Cuando se encuentran dos hifas de “sexo opuesto”, esta unión dará lugar a lo que se denomina “micelio”, que realmente es el verdadero hongo. Este micelio está latente en el substrato de los bosques durante años, y cuando las condiciones climáticas son idóneas, fructifica dando lugar al fruto del hongo, es decir la seta o carpóforo.

Como se explicaba anteriormente, por la forma de alimentarse que tienen los hongos, a simple vista pueden parecer plantas, sin embargo carecen de clorofila y por lo tanto son incapaces de realizar la fotosíntesis para elaborar su propio alimento, ya que son seres heterótrofos. Esto hace que para alimentarse, lo tengan que hacer a costa de los demás, por lo que han adoptado tres formas de comportamiento para su supervivencia: parásita, saprofítica y simbiótica.

En teoría, serian los hongos malos o perjudiciales, representando a los patógenos, y aunque resultan ser los más escasos, son los que producen las enfermedades e incluso la muerte al hospedante parasitado. Dentro de los hongos parásitos, se distinguen dos tipos.

            Parásito obligado: Estos hongos parasitan los árboles, pero aún alimentándose de ellos, procuraran no matarles, pues en ese caso morirían ellos también.

            Parásito facultativo: Estos hongos son realmente los perjudiciales. Capaces de matar la planta en la que se hospedan sin importarles, pues en ese caso cambian su comportamiento alimenticio de parásito a saprófito para alimentarse de lo que ellos mismos han matado.

No obstante, dentro de los hongos parásitos existen especies que son muy beneficiosas para el control de algunas plagas de insectos. Es el caso, por ejemplo, de Cordiceps militaris, que parasitan la crisálida de la procesionaria del pino, causando su muerte.

También los hay que se han especializado en vivir a costa de otros hongos, como es el caso de Hyphomyces lateritius que vive en las láminas de Lactarius deliciosus; Xerocomus parasiticus que vive sobre especies del género Scleroderma; Syzygospora tumefaciens que vive sobre los sombreros de Gymnopus dryophilus; o Asterophora parasitica que se desarrolla sobre ejemplares del género Russula.

Los hay que por su virulencia y poder destructivo, son verdaderas plagas. Es el caso de Armillarea mellea capaz de echar a perder una explotación forestal que sea atacada por este hongo; o el caso de la destrucción masiva de los olmos en Europa por culpa de un hongo microscópico denominado Ceratocystis ulmi, capaz de acabar con árboles vigorosos en muy poco tiempo.


Representan a un grupo numeroso de hongos, son los más abundantes y sobretodo muy beneficiosos para la Naturaleza.

Este tipo de hongos se alimentan de la materia orgánica muerta, descomponiéndola, reciclándola, etc. convirtiéndola en humus. Son denominados los “basureros del bosque” y sin ellos, estos morirían asfixiados por la acumulación de materia vegetal. Estos hongos son capaces de degradar sustancias como la lignina y la celulosa de la madera, que otros elementos no pueden, de ahí su importancia.

Y dentro de los hongos saprófitos, los hay que se han especializado aprovechando la diversidad de nutrientes muertos que hay en la Naturaleza, como es el caso de los hongos:

Fimícolas o coprófilos: viven sobre excrementos de animales diversos.

Humícolas: viven sobre restos vegetales en descomposición.

Lignícolas: viven sobre madera muerta, ramas, troncos, etc.

-Terrícolas: viven sobre terrenos sin vegetación y sin humus.

-Pratícolas: viven sobre la hierba, aunque es difícil saber si son saprofíticos.

-Folícolas: viven sobre las hojas de las plantas.

-Pirófilos: viven sobre terrenos quemados.

-Cortícolas: viven sobre la corteza de los árboles.

-Muscícolas: viven a expensas de diversos musgos.

Los hongos simbióticos, son el otro grupo de gran interés, capaces de formar asociaciones con otro ser vivo y lograr un beneficio mutuo.

Esta asociación que realizan con las plantas superiores, se denomina micorriza, y de esta “unión” el hongo obtiene de la planta elementos nutritivos que no puede sintetizar por sí solo, mientras que la planta aprovecha la alta capacidad de absorción del hongo para la obtención de agua y sales minerales.

Las micorrizas se clasifican en dos grupos:

Ectomicorrizas: aquellas en las que el micelio del hongo forma un manto de hifas que rodean la raíz de la planta. A este grupo de micorrizas pertenecen géneros tan importantes como Amanita, Boletus, Russula, Lactarius, Tuber o Cortinarius.

Endomicorrizas: en las que el hongo no forma un manto sobre la raíz de la planta, sino que las hifas penetran dentro de las células de la corteza. Algunos géneros de este grupo son Marasmius o Armillarea.

En la actualidad, la investigación y el estudio de las asociaciones micorrícicas, está enfocado hacia el aprovechamiento en silvicultura, agricultura, horticultura, o el proporcionar nuevos hongos comestibles.

Ésta asociación de mutuo beneficio que realizan plantas y hongos, nos demuestra porqué ciertas setas solo crecen en un ecosistema especifico, y que no sean tan dependientes de las condiciones externas.

Generalmente dentro de los hongos simbióticos, están aquellas especies que alcanzan una gran popularidad por su calidad gastronómica.

Como se comenta en la pequeña introducción del principio, los hongos se reproducen por esporas y dentro de la reproducción sexual de las setas, existen dos grupos diferenciados, tanto por la forma de almacenar las esporas, como por los mecanismos que utilizan para su dispersión, y en estos dos grupos es donde están los que generalmente se denominan “hongos superiores” o setas.

Ascomycetes. En este grupo, las esporas se almacenan en una especie de saco llamado “asca”, que están acompañadas de unas células estériles llamadas “paráfisis”, y que en conjunto forman el himenio o parte fértil de la seta. Cuando la seta madura, el asca se rompe por la presión que ejercen las esporas, diseminando estas y así continuar con el ciclo biológico.

Basidiomycetes. Es el grupo en el que se encuentran los hongos más evolucionados. En este grupo, las esporas se forman en los “basidios” y permanecen unidas a el por medio de unas prolongaciones llamadas esterigmas. Estos basidios junto con otras células estériles como “basidiolos” y “cistidios” forman en conjunto el himenio o parte fértil de la seta. Cuando la seta está madura, las esporas que se encuentran colgadas de los basidios, caen tan solo por efecto de la gravedad, sin ningún otro esfuerzo como sucede en el grupo de los Ascomycetes, continuando el ciclo biológico.

No obstante, dentro de los Basidiomycetes, existe un orden que se caracteriza por su desarrollo angiocárpico, lo que supone que la gleba donde están inmersos los basidios y sus esporas, permanece encerrada dentro del hongo y protegida por una envoltura, llamada peridio. Este orden es el de los Gasterales (en sentido tradicional), en el que se encuentran, entre otros, los “pedos de lobo”.

Cuando la seta madura, las esporas caen al suelo. Estas se pueden distinguir de tipo masculino y femenino, y bajo condiciones favorables de substrato, temperatura y humedad, germinan formando una célula inicial que empieza a multiplicarse.

De esta manera, se forman unos filamentos de células con núcleo, que se denominan hifas, que a su vez forman el micelio primario, que es haploide. Si se encuentran dos hifas y sus células se fusionan, se desarrolla un micelio dicariótico y haploide, puesto que cada célula posee dos núcleos, llamado micelio secundario.

Este micelio secundario que es fibular, permanece latente bajo el substrato, para, al igual que sucede con las esporas, germinar en condiciones favorables, dando lugar a un embrión o primordio que posteriormente se convertirá en el cuerpo fructífero o seta.

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