Dada la situación geográfica de la provincia de Valladolid, en el centro de la cuenca sedimentaria del Duero, lejos de los sistemas montañosos, nos puede hacer pensar que es escasa en cuanto a bosques, pero gracias a su formación geológica de estructuras calcíticas y recubrimientos arenosos en muchas comarcas provinciales, junto con un clima continental mediterráneo más o menos benévolo, propician la existencia de una masa boscosa importante y variada; en muchos casos monoespecífica y de gran valor ecológico, habitats micológicos que proporcionan una elevada comunidad micológica.

Este tipo de bosque llega a caracterizar el paisaje. Se trata de bosques generalmente de repoblación, con un alto valor ecológico, pr      otector y económico, destacando entre ellos:

BOSQUES DE PINO PIÑONERO (Pinus pinea)

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Estudios recientes demuestran que esta especie arbórea es autóctona en la geografía provincial, lejos de lo que se pueda pensar. Estos bosques están formados por árboles de hasta 30 m de altura, con copa en forma de parasol, bastante abierta y espesa. El tronco es recto y robusto, con la corteza que se divide en placas angulosas de color rojizo. Las hojas o acículas se disponen en grupos de dos, son largas y punzantes, de color verde negruzco. Los frutos o piñas son grandes, de color verde rojizo que maduran al tercer año. Encierran la semilla, el afamado piñón que es bastante grande y recubierto por un tegumento negro.

Valladolid es la segunda provincia española con mayor extensión de este tipo de bosque, y las mayores masas se encuentran en torno a Simancas, Iscar, Medina del Campo, Tudela de Duero y Montemayor de Pililla.

 

BOSQUES DE PINO NEGRAL O RESINERO (Pinus pinaster)

Son en su mayoría pinares de repoblación, utilizados como protector del suelo o aprovechamiento económico. Los forman árboles de hasta 25 m, con copa en forma de seta y muy abierta, tronco tortuoso y robusto, corteza gruesa y dividida en placas de color gris. Las hojas o acículas son largas, acuminadas y rígidas, dispuestas en grupos de dos y de color verde brillante. El fruto o piña es grande, de forma oval y color marrón al madurar.

Esta especie forma extensísimos bosques en la provincia, en torno a Portillo, La Parrilla y Montemayor de Pililla.

En Valladolid, estos bosques tienen un carácter mesosupramediterráneo, muy diferentes a los encinares colino montanos como las dehesas. Se llegan a cerrar densamente, lo que da lugar a un rico y variado sotobosque.

BOSQUE DE ENCINA (Quercus ilex)

Están formados por árboles grandes, de hasta 25 m de altura, con copa recogida y muy densa, tronco poco elevado, muy grueso y retorcido. Corteza lisa y gris en los árboles jóvenes, luego se desprende en láminas delgadas y parduscas. Las hojas son simples, coriáceas y de forma oval, elíptica o lanceolada, de color verde brillante por el haz y blanco algodonoso por el envés. Las flores son pequeñas y se reúnen en amentos, el fruto es pequeño, cubierto hasta la mitad por una cúpula pilosa. Madura en noviembre del mismo año.

Existen importantes encinares en la provincia, muchos de ellos relictos, distribuidos en torno a La Santa Espina, Villalba de los Alcores, Quintanilla de Onésimo, Sardón de Duero, Boecillo…

En muchos casos se integran con los encinares, no obstante existen poblaciones puntuales pero muy importantes, que forman bosques de un destacado dosel arbóreo y un gran ecosistema supramediterráneo y subhúmedo.

 

BOSQUE DE QUEJIGO (Quercus faginea)

Aunque son árboles que pueden alcanzar los 30 m de altura, lo normal es encontrarlos de forma arbustiva, con una copa clara y muy poco densa. Tronco recto y generalmente robusto, con corteza áspera que se agrieta longitudinalmente y es de color gris ceniciento. Las hojas son simples, con el margen recorrido por unos dientes a veces punzantes, de color verde lampiño y semicaducas. Las flores son pequeñas y se reúnen en amentos. El fruto es una bellota recubierta de una cúpula tomentosa, es de color rojizo y madura en otoño del mismo año.

Sobreviven importantes quejigares en la provincia de Valladolid, como en Villabrágima, La Mudarra, Peñaflor de Hornija, Urueña, o en la zona oriental, en torno a Traspinedo, Peñafiel, Torrescárcela o Montemayor de Pililla.

Generalmente lo forman varias especies arbóreas o arbustivas, que se integran en aquellos ecosistemas por donde transcurren cursos fluviales, o existen lagunas estacionales o permanentes.

No obstante podemos considerar cuatro especies como las más importantes: chopo negro (Populus nigra), álamo blanco (Populus alba), olmo (Ulmus carpinifolia) y sauce (Salix alba).

Chopo negro

Chopo negro

Álamo blanco

Álamo blanco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Chopo negro (Populus nigra). Árbol que se alza hasta los 40 m, con copa característica en forma de pincel. Tronco recto y de desarrollo fuerte, la corteza presenta abultamientos y hendiduras, resquebrajándose con la edad y adquiriendo un color negruzco. Las hojas son caducas, de forma romboidal y con el margen dentado. Cuando aparecen son de color rojizo, en la madurez verde brillante. Las flores se reúnen en amentos colgantes, y dan lugar a un fruto en forma de cápsula, con semillas recubiertas de unos pelos blancos que recuerdan tapones de algodón.

            Álamo blanco (Populus alba). Árbol de unos 30 m, con copa cónica y alargada. El tronco es recto, y presenta una corteza de vistoso color gris verdoso y recubierta de unas lenticelas. Las hojas son elípticas y alargadas, con el margen sinuoso, de color verde claro por el haz y aterciopeladas por el envés. Flores que crecen en amentos, de color amarillento las masculinas y rosado las femeninas. El fruto es una cápsula.

            Olmo (Ulmus carpinifolia). Árbol de hasta 30 m, con copa alta y abombada. El tronco es relativamente corto, y presenta corteza lisa que se cuartea con la edad, casi siempre cubierta de líquenes de color amarillento. Las hojas son simples y alternas, muy acuminadas en el ápice y alargadas, el margen se presenta doblemente dentado y son de color verde, pardo amarillento antes de caer. Flores que preceden a las hojas, y son de color rojizo. El fruto es una sámara provista de ala ancha, en cuyo centro se encuentra la semilla, que es una especie de nuez.

            Sauce (Salix alba). Árbol que alcanza los 25 m, con copa alargada y poco densa, el tronco es muy robusto y tiene corteza que se agrieta con la edad y es de color pardo grisáceo. Las hojas son lanceoladas, con el margen dentado y cubiertas de una pilosidad sedosa que da un aspecto plateado. Las flores son muy precoces y se reúnen en amentos. Fruto pequeño en forma de cápsula y color verde parduzco.

Son ecosistemas muy puntuales y relictos en la provincia de Valladolid, pues comúnmente las especies arbóreas de este tipo se integran en otros ecosistemas, eso sí, dando lugar a bosques de tipo mixto de un elevado carácter medioambiental.

Lo forman generalmente dos especies, la sabina albar (Juniperus turhifera), y el enebro común (Juniperus communis), formando bosques de carácter supramediterráneos, muy abiertos y de pobre sotobosque, que se extienden por zonas de parameras con clima riguroso y prolongado.

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La sabina albar, es un árbol capaz de alcanzar los 25 m, pero lo normal es que no supere los 12 m. Tiene copa muy densa y de forma generalmente cónica. El tronco es recto y muy grueso, capaz de alcanzar los 2 m de diámetro. Tiene corteza que se agrieta y se desprende en tiras, de color grisáceo. Las hojas están opuestas y forman verticilos de a tres, son escuamiformes, muy parecidas a las del Ciprés y de color verde negruzco. Las flores son insignificantes pero muy abundantes, y el fruto es una baya, también muy pequeño y de diferente color según el estado de maduración.

Sin duda los enebrales más importantes de la provincia de Valladolid son los que se encuentran integrados en la tierra de pinares, Santiago del Arroyo y Montemayor de Pililla. Pero existen zonas dispersas como en Peñafiel, Montes Torozos y el Cerrato.

En su mayor parte, se trata de matorrales integrados dentro de los bosques, y formados comúnmente por plantas como Cistus, Halimium, Helianthemun, Crataegus, Rosa, Cytisus o Genista.

Aunque en la mayoría de los casos, estos ecosistemas provienen de la degradación de los propios bosques, tanto esclerófilos como subesclerófilos, y están constituidos por la estepa leñosa, formada comúnmente por la estepa negral (Cistus laurifolius) y la estepa droguera (Cistus ladanifer). O los matorrales arbustivos, formados por retama común (Retama sphaerocarpa), y la hiniesta (Cytisus scoparius).

Estepa negra

Estepa negra

Retama común

Retama común

 

 

 

 

 

 

 

 

Se trata de terrenos que no forman parte de las masas arbóreas comentadas anteriormente, pero que tienen una rica y variada flora micológica.

En el caso de los terrenos baldíos, perdidos o incultivados, son por lo general aquellos que por su situación o calidad del suelo han sido difíciles o imposibles de cultivar y su vegetación está formada principalmente por tomillos, lavandas y abundante variedad de plantas espinosas entre otras. Son lugares tradicionales de pastoreo del ganado lanar, donde fructifica de forma abundante la muy apreciada “seta de cardo”, considerada, sin ninguna duda, como la reina de las setas en la meseta castellana.

Las antiguas eras, habituales hace no muchos años en el entorno de los pueblos agrícolas, son cada día son más escasas por los cambios en las actividades agropecuarias y urbanísticas.

En cuanto a las zonas de prados y pastizales, aunque en la provincia de Valladolid abunda más el terreno estepario y de secano, no faltan en muchos lugares amplias zonas, que por sus especiales condiciones hídricas, forman pastizales importantes para el ganado vacuno, donde la abundancia de setas también es notable.

Terreno baldío en San Miguel del Pino

Terreno baldío en San Miguel del Pino

Pastizal en el entorno de Tordesillas

Pastizal en el entorno de Tordesillas