Quercus faginea Lam.

Quejigo, Rebollo, Roble carrasqueño

Se trata de un árbol alto, capaz de alzarse hasta los 30 m de altura, pero lo normal es encontrarlo de forma arbustiva. La copa es muy poco densa, bastante clara, y de un bonito color verde. El tronco es  muy recto y bastante grueso en ejemplares bien formados, pero por lo general muy ramificado y de complexión delgada. La corteza es muy áspera, agrietándose longitudinalmente con la edad, y es de color gris ceniciento, pero por lo general siempre se encuentra poblada de líquenes anaranjados.

Sus hojas son simples y alternas, semicadúcas, pues no siempre desaparecen en invierno, de entre 3 y 6 cm de longitud, con el margen recorrido por dientes poco profundos, pero por lo general muy punzantes, de un verde lampiño llamativo. Las flores masculinas se reúnen en ´´gatillos´´ colgantes, de unos 5 cm de longitud, de color verde amarillento. Las femeninas son bastante pequeñas y se reúnen sentadas sobre el pedicelo de la hoja.

El fruto es una bellota redondeada, cubierta por una cúpula de escamas tomentosas y aspecto aterciopelado, de color rojizo y que maduran el mismo año.

Observaciones: Ésta especie de Roble florece entre abril y mayo. Tiene un carácter xerófilo, y está adaptado a vivir en condiciones extremas de suelo, por lo general es una especie calcícola, que llega a tolerar los suelos completamente yesosos. Además soporta muy bien los terrenos secos, así como una baja pluviosidad y las sequías dilatadas.

Aunque es una especie capaz de formar bosques puros, lo más normal es encontrarlo asociado con la Encina u otras especies de Robles, así como formar parte del sotobosque de especies de mayor entidad, formando un dosel arbóreo de alto valor ecológico en unas condiciones de clima subhúmedo. Lo que representa un ecosistema de alto valor para todo tipo de fauna y avifauna.

La madera de éste árbol es muy dura y maciza, consecuentemente muy utilizada desde la antigüedad, pues se ha demostrado que ya era utilizada en torno al Paleolítico. Actualmente debido a su regresión, y a que los ejemplares rara vez alcanzan tamaños considerables, es muy apreciada como leña en los lugares donde abunda.

Como ocurre con la Encina, sus bellotas son utilizadas para la alimentación del cerdo durante la montanera, y si ésta especie es más abundante que aquella otra, se prefiere, pues tiene una mayor concentración de ácidos grasos, característica que propició que existieran diversas razas de cerdo (rodao, lermeño, alistano…).

La multiplicación del Quejigo, resulta fácil mediante semilla, cogiendo las bellotas grandes y sanas, que se pueden sembrar desde noviembre hasta febrero. Si la germinación resulta, es una especie de crecimiento bastante rápido, y con una longevidad de unos 500 años.

Destacar como curiosidad, que si recogemos una bellota, comúnmente llamada agalla o gallara, sana y no agujereada, reza la sabiduría popular que si al cortarla encontramos dentro mosquitos, significa un año de abundancia y fertilidad, así como carestía si encontrásemos arañas, y mortandad si encontrásemos gusanos.

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