Quercus ilex L.

Encina, Carrasca.

Árbol corpulento, capaz de alcanzar los 25m de altura. La copa es muy recogida y densa, bastante amplia en los ejemplares adultos.

El tronco es poco elevado, muy grueso y generalmente retorcido. Puede alcanzar grosores de más de 1m de diámetro, y presenta ramas muy gruesas y bastante ascendentes. La corteza es lisa en los ejemplares jóvenes, de color grisáceo. Se desprende en láminas aplanadas, delgadas y angulosas conforme el árbol va creciendo, y se torna de un color pardo oscuro. Las hojas son simples y alternas, de consistencia coriácea, con forma ovalada, elíptica o lanceolada según el estadio. Presentan el margen dentado y fuertemente espinoso en los ejemplares jóvenes, en los adultos el margen se encuentra liso y entero. El color es verde brillante por el haz, blanco algodonoso por el envés, debido a la presencia de unos pelos.

Las flores masculinas se encuentran reunidas en amentos colgantes y son de color verde amarillento. Las femeninas son más pequeñas y se encuentran reunidas en grupos. El  fruto es pequeño, la conocida bellota, que se encuentra envuelta hasta la mitad por una cúpula formada de escamas pilosas. Maduran durante el otoño del mismo año.

Observaciones: Junto con ciertas especies de Pinos, la Encina forma parte del típico ecosistema Mediterráneo. Es un árbol resistente, adaptado a condiciones difíciles de clima, muy resistente a los periodos de sequia dado que su raíz es muy profunda y pivotante.

La madera de la Encina es muy dura, pesada y compacta, ideal para su utilización en ebanistería, y por supuesto, su utilización como leña, de las más apreciadas, ya que se consume lentamente y es de gran poder calorífico.

Sus masas boscosas son un importante refugio faunístico, y desde la antigüedad muy en consonancia con la labor humana, como es el caso de los encinares adehesados donde se cuida con mimo para la cría del cerdo.

Es un árbol que se multiplica fácilmente por semilla, pero los plantones soportan muy mal el trasplante durante los primeros años de vida, por eso es mejor hacerlo mediante los brotes de raíz, que son muy abundantes, dado que es una especie que se propaga muy bien tras las talas o los incendios.

En la actualidad existen viveros especializados en la producción de Encina, sobretodo porque ofrecen una planta micorrizada con la preciada trufa, y que una vez trasplantadas en el monte, son capaces de producir en muy pocos años. No obstante, además de éste preciado ´´oro negro´´, la Encina se caracteriza por ser uno de los árboles con mayor cortejo micológico de múltiples géneros, Amanita, Lactarius, Russula, Boletus, Tricholoma y un largo etcétera.

Se trata de una especie muy longeva, pudiendo llegar a los 1000 años de vida.

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